sábado, 19 de enero de 2008

Del amor, la American Express y otros agregados monetarios

A pesar de mi corta existencia, he comenzado una lucha interminable y hasta el momento infructuosa por encontrar la media naranja, mi otro yo y demás calificativos al denominado significant other. Entre las muchas espinas de las que está colmado este arduo camino, hoy me quiero enfocar en uno muy específico y muy problemático en nuestra sociedad: el status económico.

Sé que no estoy solo en este camino, y a lo largo de él, me he encontrado con un enemigo muy peculiar y muy recurrente: el poder adquisitivo (o la falta de él) de la otra parte, como diría Coelho. Este tema con el que muchos tienen que lidiar, lo he encontrado presente desde mis amigos de 18 años hasta personas de mi más alta estima rondando la tercera edad, así que me he propuesto exponer esta serie de casos para su completo y profundo análisis.

Estábamos cenando una ocasión en el magnífico restaurante de Polanco Águila y Sol discutiendo trivialidades con un amigo muy querido hasta que llegamos al momento de sus preocupaciones. “El problema es que no puedo encontrar a alguien con quien me identifique en todos los aspectos, que ame con amor y locura y que además pueda estar sentado conmigo en este mismo lugar”, me dijo mientras el chofer en un Mercedes Benz nos esperaba afuera en uno de estos fríos días de enero. Acababa de terminar una relación con una persona por que, a pesar de que se llevaban increíble y compartían muchos gustos, nunca podía pasar un día en que pudieran sentarse en un restaurante como éstos dividiendo la cuenta entre dos personas. Esta persona de 20 años, puede darse ese tipo de lujos que le proporcionan sus padres: cenas en los mejores restaurantes, compras cada mes y alrededor de tres viajes al extranjero por año. “ El colmo fue cuando le dije que nos fueramos de vacaciones a la playa unos días, no pudo, y la verdad se siente muy feo cuando la persona que quieres a tu lado no puede con tu ritmo, entonces fue cuando decidí que esto no iría a ningún lado”. Una mensualidad para un estudiante universitario puede que alcance para todas las actividades arriba mencionadas, pero ciertamente no alcanza para dos.

Me recordó la plática que había tenido la semana de Pascuas previa en el yate de una amiga en Baja California cuando desconsolada me decía que: “me harté de pagarle todo, los viajes, el auto, y encima de todo lo encontré con otra!”. Lo mismo que le había sucedido meses antes a una amiga directora de su propia empresa, cuando después de muchas infidelidades y malos tratos decidió cortar su relación y correr a su novio de la empresa donde le había encontrado una posición de Dirección.

“Sólo espero que a Regina le vaya bien”, me decía para mis adentros, recordando a una muy querida amiga que se encontraba en Londres porque su recién marido estaba estudiando una maestría patrocinada por el suegro, reconocido banquero, mediante una empresa instalada en una región industrial en México.

Inmediatamente sentí un consuelo inmenso al recordar a la que en mi familia llaman “la oveja negra”, una tía rondando los sesenta años, francesa por nacimiento pero mexicana de corazón que en uno de sus tantos viajes a este país se enamoró de su chofer. Después de toda una vida recorrida, con unos hijos bien criados, y un divorcio; sentía que el dinero que tenía no le serviría para seguir disfrutándolo sola el resto de sus años en este mundo. Así pues, el chofer pasó a ser el gurú de la medicina tradicional, una persona cultivada que en menos de seis años conocía rincones del mundo como pocos, junto con una chequera siempre con suficientes fondos para cumplir hasta el último capricho.

Eso me hizo reflexionar que cuando se tiene suficiente abundancia en este mundo, ésta no tiene porqué ser un impedimento cuando te encuentras a tu verdadero amor. Suficientes banalidades existen ya, y muy difícil el encontrar a una persona con quién compartir lo realmente importante en este mundo que es el amor como para que nos estemos preocupando si el dinero sería o no un tema. Con las debidas precauciones de las personas que se acercan para vaciarte la cartera, creo que cuando existe amor, todo lo demás viene sobrando. A final de cuentas lo que nos llevamos de este mundo no son joyas, ni autos, ni ropa de diseñador, sino bellos recuerdos.

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