martes, 28 de agosto de 2007

Pueblo chico, Fortuna grande

Hace unas semanas, me llamaron de una agencia de relaciones públicas para invitarme vía telefónica al evento de lanzamiento de una revista y como de costumbre, me encontraba en un evento en el Marrakech Salón Day Spa, en Prado Norte. Dicho sea de paso, el lugar es excepcional y lo tienen que ir a visitar y hacer una cita para darse un masaje de relajación que tanto nos ayuda a llevar la pesada carga del stress de esta ciudad. Como ya no me llegó ni la invitación electrónica ni mucho menos la física, decidí escaparme a mi café preferido en la ciudad de México, el Café Ó en Monte Líbano, donde seguramente te encontrarás a todos tus vecinos, para verme con unas amigas y ponernos al tanto de nuestras vidas.

La conversación, después de saludar a por lo menos cuatro mesas de conocidos y “amigos” que sólo saludas cuando te los encuentras por casualidad, giró en torno a un tema que se comenta hablando al oído pero que es por demás recurrente en todos los cafés de la zona y en las casas de otros tantos: la pesadilla de que a pesar de vivir en una de las ciudades más grandes del mundo, siempre terminas encontrándote a la misma gente y no digamos el problema de salir con un buen partido, ya que si has descuidado tu fama en la búsqueda del príncipe azul, eso puede apartarte al resto de los príncipes que andan sueltos en la ciudad de México y que por lo visto escasean al por mayor.

El problema y solución aparente de una de mis más inocentes amigas presentes en el café era en que la sociedad mexicana era “en extremo cerrada y short minded”, y que nuestra salvación y futura felicidad “radicaba en mudarnos a un país donde nadie te conociera”. Llegando a mi casa me puse a analizar la situación y encontré que lo que había dicho mi amiga fácilmente pudiera tener solución en esta misma ciudad: apartarse del círculo en el que estás enfrascado y buscar nuevos horizontes.

Y es que en honor a la verdad, el grupo de personas que ostentan las más grandes fortunas del mundo es desafortunadamente demasiado reducido. Eventualmente, terminas descubriendo que tu tío lejano, vizconde español, conoce a la perfección a uno de tus mejores amigos de Monterrey; que uno de tus amigos de la infancia no puede ser invitado a la casa de tu tía ya que la tía de éste, se divorció del primo de tu tía y dicho sea de paso se llevó un buen pedazo de su fortuna.

Los secretos, rumores, intrigas y relaciones, terminan esparciéndose como pólvora por todo el mundo (literal) y los secretos mejor guardados son los primeros en darse a conocer a voces. Por supuesto, como vivimos en un mundo de perfecta diplomacia, todo mundo te saludará con buena cara, pero nunca te permitirá la entrada en su casa, o te alejará de amistades que podrían ser de utilidad para tu futuro profesional, y todo, claro está, sin que nunca te enteres de una sola palabra.

Después de este análisis de la situación de las familias más ricas del mundo, no pude hacer otra cosa que echarme a reír y descubrir qué tan parecidos somos los unos a los otros y cuánto creemos que nuestra posición social nos separa de aquellas comunidades apartadas en la sierra de México de no más de 500 habitantes, que andan en burro, siembran maíz y comen frijoles con tortilla la mayor parte de la semana, cuando en el fondo compartimos las mismas prácticas que al fin de cuentas, nos hacen humanos.

Para terminar mi participación de la semana, me gustaría compartir con ustedes la tremenda confusión que tengo con respecto a “las señales” que los galanes en cuestión tienden a dar a conocer para saber que les interesas en plan de noviazgo. Y esto se los comento porque hace unos meses, en una cena de gala organizada por Mont Blanc me topé con una persona que me saludó efusivamente, y de quien no recordaba el más mínimo detalle.

Me pidió mi teléfono y quedamos de ir a tomar un café. Claro que al día siguiente mi Messenger desplegaba una petición del susodicho para estar en contacto. Después de meses de hablar por este medio y tener ciertos detalles importantes de cortesía, coincidimos en la ciudad de Buenos Aires, y recibí una invitación de su parte para asistir al Abierto de Polo, del cual era gran aficionado. Fue nuestra primera cita oficial, (yo por supuesto enfundado en Hermés y haciendo gala de mi desconocimiento sobre el tema más que la relación que dicha marca tiene con el mundo ecuestre) y sin embargo, ningún avance aunque debo confesar que desde entonces el contacto ha sido más frecuente y las cosas caminan poco a poco.

Muchos de mis amigos me dicen que éstas son señales de que el interés va en serio; otras que nada se puede saber hasta que no haya acciones concretas y yo me pregunto: En éstos tiempos en que el romance y el amor parecen ser tan lejanos y desconocidos como el desierto inhóspito del Sahara…¿Necesitamos jugar el juego de las señales? ¿Tenemos que vivir la confusión y la desesperanza de la mala interpretación promovida por el deseo hacia la otra persona? ¿No podemos ahorrar tiempo y convertirnos en una de las escasas parejas que comparten por algún tiempo sus vidas? En fin, creo que éste ritual en mucho se relaciona al tema de pertenecer a una sociedad en específico: hay que irse con cuidado porque nunca sabes quién o qué puede estar detrás de la otra persona.

Nos vemos la próxima semana.

domingo, 19 de agosto de 2007

Sobre la palabra NACO y las citas de amor

No es que mi vida sea más interesante que la de los demás, pero sí les puedo decir que tengo el trabajo que muchos quisieran rodeado de glamour, celebridades, socialites y lugares y fiestas maravillosas. Después de una intensa semana de actividades que comenzaron el miércoles con el lanzamiento de la marca de jeans Evisu de Puma en un exclusivo club en Torre Mayor que se llama Magnolia, el cual por cierto inauguraron el día siguiente, la invitación de Restaurante Diagonal para ser jurado de nuevos cocteles de la carta y que culminaron el sábado en una cena de amigos en el nuevo Hotel Boutique Hipodrome, me encuentro en Antara haciendo shopping para encontrar el outfit perfecto para la inauguración la próxima semana en Guadalajara de la boutique de la exclusiva diseñadora Clara González, que va que vuela para convertirse en la nueva Carolina Herrera por sus elegantes diseños para mujer.

Haciendo una pausa después de estas exhaustas actividades, me siento a comprar mi triple venti soya latte para recobrar el aliento cuando una peculiar familia entra al lugar haciendo gala de gritos y arrogancia, viendo para abajo a todos los presentes, tratando con desdén a los empleados y empujando a todos a su paso. Pantalones capri en una mujer de corta estatura, combinada con todas las marcas posibles en el mercado y joyas cuyo objetivo no eran decorar a la persona sino llevar la mayor cantidad posible para que los demás se enteraran de su alto poder adquisitivo, pedía a gritos una bebida que estoy seguro en mi vida volveré a escuchar y la cual seguramente tardó más de una semana en memorizarla para “no hacer el oso en un lugar tan de moda donde seguro todos me van a ver”, como si entrar a Starbuck’s te pusiera en el centro de la atención de la sociedad capitalina.

En pocas palabras, mis ojos presenciaban algo de lo que trato de huir y que hasta el momento había logrado con satisfacción hasta aquel día….. un grupo de NACOS!!. Y aquí permítanme aportar y redefinir el tan mencionado término. Hay mucha gente (ignorante la mayoría) que ha adoptado el término naco para denigrar a los estratos más bajos de la sociedad o a grupos marginados como nuestros indígenas, que dicho sea de paso, cuentan con un conocimiento empírico de la naturaleza y una tradición oral que muchos envidiarían. El término NACO más bien hace referencia a una persona que fuera del nivel socioeconómico, raza o nacionalidad, hace gala de su mala educación, hábitos desagradables, falta de sentido común, seguridad en sí mismo y de gusto.

Después de tan estropeada experiencia de compra, no pude sino recordar mi experiencia en ese mismo lugar unas semanas atrás con un una persona dueña de una de las más grandes fortunas de Sudamérica, pero mucho más cercana al término arriba mencionado. Eso me hizo recordar la lista de las últimas personas con quienes he intentado salir para llenar mi vacío amoroso existente en estas épocas. La lista fue de las lágrimas al llanto, comenzando por relaciones problemáticas resucitadas, stockers profesionales, bolillos duros que además practican el multidating (además con amigos míos), teenagers mentales, entre otros.

En una ciudad cosmopolita como la ciudad de México con millones de habitantes entre los que además hay una escasa pero firme oferta de otras nacionalidades, porqué no aparece un buen candidato con las medidas de la norma oficial mexicana de sanidad mental? Por esta ocasión tendré que hacer a un lado la pregunta y consentirme con dos de mis personas favoritas: Purificación García y Adolfo Domínguez.